Topografías corporales: mujer vista como territorio de conquista

Por Valeria Paulino

“Pensamos el cuerpo como nuestro primer territorio y al territorio lo reconocemos en nuestros cuerpos: cuando se violentan los lugares que habitamos se afectan nuestros cuerpos, cuando se afectan nuestros cuerpos se violentan los lugares que habitamos.” 

— Mapeando el cuerpo, 

Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo.

Creo en las bases y las maestras que cambian tu perspectiva, una de mis principales inspiraciones y modificantes de pensamiento es Laura Marnezti que explora su metodología del diseño a partir del pensamiento  —vestuario como pieza artística— en la cual desarrolla e incorpora en el diseño valores escultóricos. Es a partir de esto donde se dinamita mi pensamiento. Como diseñadora de vestuario, técnica de vestuario y creadora de la escena, me es vital encontrar nuevas formas de creación, diferentes metodologías que nos permitan relacionarnos y compartirnos desde otras perspectivas. 

Inspirada en esta metodología me encuentro en el camino de refigurar la propia, que consiste en la creación de una pieza artística a través de un vestuario escénico con valores escultóricos donde logre vincular el feminismo, la mujer, el cuerpo y el diseño.

A través de un proceso de laboratorio e investigación realizamos una crítica a la violencia a partir de la recreación de nuestra biografía donde somos reflejo y prueba de nuestro primer territorio, el cuerpo.

Cuatro actrices y yo vestuarista, haremos un análisis práctico guiado por mi sobre el conocimiento de nuestras heridas, los hilos que nos entrelazan, emociones, memorias, gozos y conquistas que nos edifican en lo que actualmente somos. Reconocer a partir de nuestra historia los momentos que nos han brindado autonomía e inseguridades, a través de los contextos sociales y geográficos que nos contraponen.

El vestuario creado busca entender que las heridas y orgullos que nuestra piel y tejido habitan son la base para entender que nuestro cuerpo y presencia son el inicio de defensa, lucha y resistencia.

Me es importante abordar este proyecto topográfico de carácter documental desde tres líneas principales, el cuerpo como territorio, el diseño de vestuario como contenedor antropológico y la relación individual y colectiva; todas ellas mediante el eje principal que las atraviesa, la violencia estructural y sistemática que vivimos como mujeres.

  • El cuerpo como territorio:

El cuerpo de la mujer ha sido abordado de distintas formas en la historia, es un cuerpo sexuado, un cuerpo visto como templo, como prisión, nuestro cuerpo es capitalizado y esclavizado para el provecho ajeno. El sistema patriarcal y capitalista se ha dedicado a vendernos la idea de odiarlo, convencernos de tener un cuerpo insuficiente y hecho para la competencia. 

Por esto es necesario relacionar y hablar del cuerpo como nuestro territorio, por la explotación de recursos que vive nuestro entorno, es en nuestro cuerpo donde se reproducen y evidencian las violencias personales y geográficas. Tanto el territorio como nuestro cuerpo, son generadores de vida y espacios de construcción y trabajo. Nuestro cuerpo es territorio y en consecuencia es frontera.

  • El diseño de vestuario como contenedor antropológico:

El vestuario, a mi parecer, ha sido muy menospreciado, me da la impresión que existen personas que piensan que el vestuario puede resolverse con cualquier ropa que se tenga a la mano. En nuestro país, como en otras partes de Latinoamérica, la ropa está catalogada como una labor de mujeres, realizada por las tías, las madres y abuelas que saben usar su máquina de coser y por lo mismo se ha evitado que tenga un mayor desarrollo en comparación a otras áreas creativas que han tenido diversos avances tecnológicos donde parecen estar en una constante búsqueda por la actualización. Pero el  desarrollo del diseño y realización de vestuario se ha visto limitado por la indumentaria y la opresión histórica que vivimos como mujeres, es decir por los estigmas que cargamos desde el sexo y las limitantes del género.

Abordar el vestuario es introducirse a la historia de la moda donde surge la pregunta, ¿cuál era la forma de representar el cuerpo femenino? La vestimenta ha sido sinónimo de la transformación del cuerpo para el consumo y conquista del otro.

El vestuario necesita entender el vestir como un factor habitacional del entorno; en este caso, el cuerpo como territorio. Existe la necesidad de expansión del concepto y sus funciones, es un reflejo y referente social e histórico. Es importante pensar el diseño como un vehículo para la problematización, donde se pueda investigar y experimentar a través de éste, donde el resultado pueda ser una escultura habitable a partir del vestuario escénico.

Pienso, conveniente y necesario vincular el plano del lenguaje con el plano del vestuario y el textil, para darnos cuenta de la infinidad de redes significantes, así como la complejidad de los procesos y reflejos que nos atraviesan como sociedad; —texto y textil— provienen de la misma raíz etimológica texere, verbo en latín para tejer, entrelazar o trenzar. Es aquí donde la acción y tradición textil cobra sentido. Nuestra mente es capaz de unir y organizar palabras para brindarles conceptos, así como nuestras manos convierten las fibras o filamentos en hilos, a su vez los hilos se convierten en telas que se transformaran en la indumentaria que protegerá nuestro primer territorio, el cuerpo.  Es así como el entramado y edificación nos permiten representar las prendas como la representación de una piel e indumentaria histórica que porta vida y herencia. Resignifica el tejido y piel social por medio del diseño como indumentaria simbólica, de sensibilidad, pertenencia e identificación política.

  • La relación individual y colectiva:

Los mapas topográficos transcriben y grafican el relieve de un terreno y contenido en una imagen y simbología, manejar la topografía corporal como vestuario es retomar desde el feminismo decolonial latinoamericano, el concepto de mapear el cuerpo como territorio, por medio del autoanálisis de las agresiones y vivencias de nuestra carne y experiencia, desde nuestra propia rebeldía.

Es un ejercicio individual mediante el cual se hará frente a las emociones, lugares, espacios, recuerdos y personas que habitan en nosotras. Cada cuerpo es un territorio y cada cuerpo crea una frontera que habita en convivencia constante con la otra.

El propósito de ser cinco mujeres con experiencias distintas es demostrar la importancia de tejer puentes en las fronteras del cuerpo ajeno. Repensarnos juntas y en convivencia, no en competencia, a pesar de nuestras diferencias, observar y reconocer que la herida individual es también una herida colectiva. Capaz de sanar en lo individual pero también desde la nutrición y construcción conjunta.

Para mi pensar el cuerpo es sin duda pensar en el diseño. Creo que son tiempos de reflexión y para (des)aprender. 

Como diseñadoras trabajamos los cuerpos desde el total cotidiano, y en algunos casos el tiempo ha permeado la sensibilidad y delicadeza de vivirlos cara a cara. Pienso que como mujeres de la escena la exposición aumenta de formas desproporcionadas a diferencia de un cuerpo en la calle. Creo que el deber que me conforma como diseñadora es el cuidado de quien tengo enfrente. Cuidado, amor y empatía como método creativo. Pensar mi diseño como una trinchera política.

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Esta publicación forma parte del proyecto ¡Se armó el Argot con las Medeas!, el cual cuenta con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC) en la categoría de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales (FONCA)

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