Desmontaje “Las muchachas” paráfrasis de Las criadas de Jean Genet o de cómo el mercado nos volvió actrices. 

Por Sonia Gregorio 

 Desde hace tiempo he intentado escribir un texto que hable sobre ese acontecimiento que cambio el rumbo de mi vida, sobre esa primera vez que me pare en un escenario y dije “esto quiero, quiero hacer teatro”, pero por más que intento no logro articular mis pensamientos, siempre que retomo la idea algo se interpone, quizás porque hasta hace unos meses aun me daba temor dejar de ser la joven vendedora de trastes que se volvió actriz por azares del destino, me daba miedo aceptar que he crecido, que ya no soy la misma. En mi cabeza habitan borradores, hay pequeñas notas en mis libretas, incluso tengo este documento en el que desde hace un año redacto párrafos inconexo y guardo en algún lugar de mi computadora un archivo con las biografías que mi mejor amiga y yo escribimos cuando teníamos 16 años, cuando empezábamos a conocer el teatro, esa época en la que dividíamos nuestros días entre la escuela, el mercado y los ensayos. 

Todo empezó con una mirada. Creo que las mejores cosas empiezan así, un día alguien ve en algún lugar a otro alguien que por más que intenta no puede dejar de ver, aquello que le atrae no es su apariencia, sino una cierta esencia que ese alguien despide al moverse. Conocí a Saúl López Velarde en los pasillos de la Central de Abastos de Oaxaca un día en que como de costumbre fui a comprar una bolsa de frijoles de $5, $10 de blandas (tortillas hechas a mano) y una bola de Quesillo (Queso Oaxaca) para la comida. En uno de los patios de la Zona de comedores y Pan donde yo trabajaba vendiendo trastes y cuidando a un niño, lo vi montando una exposición de la editorial libros del Zorro Rojo sobre una pared de huacales, ese fue el primero de muchos otros encuentros en los patios y pasillos del mercado, algunas veces lo veía impartiendo talleres a los niñxs o hablando por un megáfono invitándonos a presenciar las obras de teatro, los conciertos y demás actividades artísticas que empezó a llevar al lugar donde transcurrían mis días de adolescente. En aquel entonces Saúl comenzaba el proyecto El balcón, dispositivo parasitario, que actualmente tiene nueve años de vida y que en sus palabras “se encarga de inaugurar una zona de reflexión sobre el documentalismo y las teatralidades en la Central de Abastos, encaminada a develar lo real y los fenómenos del contexto. Con este fin desde sus inicios El balcón emprendió acciones transicionales: zonas intersubjetivas que permiten subvertir el tiempo laboral del locatario, el cual constituye el campo intermedio en el que se desarrollaran experiencias culturales, que trazan reconfiguraciones en lo sensible, lo perceptible y lo pensable sin ningún calculo determinado.” Fue justamente por la asistencia a una de estas acciones transicionales –taller de tenido textil en el cuadro de chapulines– que mi mejor amiga y yo nos acercamos a Saúl con el interés de tomar un taller de teatro, impulsadas por la búsqueda de aventuras y la rebeldía propias de la adolescencia, a partir de ahí comenzamos un proceso de formación actoral y el montaje de la obra Las muchachas paráfrasis de Las criadas de Jean Genet, sin tener ni la más remota idea de lo que significaba hacer teatro o ser actriz, pero con el entusiasmo propio de la juventud.  

El proyecto se diseño con el propósito de realizar una dirección, montaje y producción no convencionales, que permitieran desencadenar un efecto relacional dinámico y elástico; la obra fue diseccionada en cuatro partes independientes, cada una contó con un director de escena con el fin de potenciar la formación actoral: “La ceremonia” de Liliana Alberto y Nathali Vázquez (Octubre de 2012) “La llamada” de Scarlett Mizraim (Diciembre de 2012) “La consorte”, de Tlacatécalt Flores Cabrera (Mayo de 2013); El “Fenobarbital” radioteatro, de Thorvald Pazos (Noviembre de 2014). 

Las escenas fueron presentadas en espacios no convencionales: galerías, patios, museos, calles de la ciudad, casas de amigos y por supuesto en las inmediaciones de la Central de Abastos, este último espacio fue el más interesante y rico en cuanto a todo lo que suscito, puesto que nosotras, Fabiola y yo, formábamos parte de la comunidad y éramos conocidas como las muchachas que venden trastes y no como las actrices; nuestros espectadores eran la señora a la que todos los días le comprábamos agua, el señor de la carne, la señora de las verduras, nuestros vecinos de puesto (vendedores de ropa, comida, petates, pan), los niños y niñas con los que solíamos jugar de vez en cuando, los muchachos que nos gustaban, etc, personas con las que convivíamos día a día. A partir de la presentación en el mercado nos volvimos en una suerte de celebridades, era genial que al pasar por los pasillos o al ir a comprar la comida las señoras nos felicitaran por nuestra actuación o que los niños y niñas nos preguntaran cómo le hacíamos para que la sangre escurriera de mi vestido.   

Las muchachas  es  un acting out que nos muestra el desmontaje de la acción actuar, develado no solo por las muchachas mismas, sino por el juego teatral que propone al formar parte de los escenarios sociales de la Central de Abastos.

Los primeros meses del proceso fueron como una purga, teníamos tan solo 15 años, nunca antes habíamos hecho teatro y estábamos ensayando un texto complicado; recuerdo que en esa época la relación con mi cuerpo no era buena, me daba pena mostrarlo, no me gustaban los abrazos y realmente tenía miedo de verme al espejo, todo esto se desvaneció después de las muchas tardes en las que nos infiltrábamos en el Museo del ferrocarril y teníamos sesiones de performance en las que mi cuerpo podía transformarse en cualquier cosa, también descubrí mis dolores y los vi  de frente. Nunca tuvimos un lugar fijo para ensayar por ello muchas veces teníamos nuestras sesiones en el mismo mercado, en los patios, en las jardineras o en la primaria, a veces también íbamos a algún museo o galería, así poco a poco nos fuimos acercando al circuito del arte en Oaxaca, conocimos a artistas de distintas disciplinas, algunos de mucha trayectoria y otros muy jóvenes. 

Antes de acercarme al teatro no tenía idea de lo que era capaz de hacer, pero conocerlo fue como adquirir un súper poder, me di cuenta que soy capaz de muchas cosas, que soy capaz de transformar mi realidad, pues mi historia de vida hasta entonces estaba marcada por la violencia y al ser comerciante del mercado mi “destino” como el de muchos otros que habitan este lugar era continuar con el negocio familiar, hacer de este espacio mi vida, asunto que al final de cuentas termino sucediendo, pero no desde el comercio sino desde el arte; si no hubiera conocido el teatro tal vez ahora aun sería comerciante o tal vez tendría una familia, quizás no hubiera estudiado, no se… probablemente hubiera seguido el camino que nos esta casi dado a los jóvenes que habitamos territorios de los márgenes de la ciudad y es que la Central de Abastos de Oaxaca a pesar de su riqueza cultural y gastronómica también representa un foco de violencia. Sin embargo el proceso de Las muchachas, El balcón, el teatro me hicieron caer en cuenta de que otros mundos son posibles; llegue a la Central de Abastos para trabajar y ayudar en los gastos familiares, no para hacer teatro, pero el destino fue más fuerte que mi ambición y mi rebeldía más poderosa que mis responsabilidades. Ahora me reconozco desde otros ojos y así mismo observo el mercado; actualmente coordino junto a Saúl López Velarde ese hermoso proyecto que sigue habitando la Central de Abastos, El balcón y sigo entregando mi vida al teatro, pero ya no desde la actuación, sino desde la escritura, la dramaturgia y espero pronto dirigir mi primera obra. 

Pienso que los proyectos que como El balcón se instalan en territorios-contextos específicos, no convencionales para el circuito del arte tienen el poder real de ampliar la mirada de al menos unas cuantas personas e incluso de cambiar vidas, así como sucedió conmigo y hablo de mi y no tanto de mi amiga Noemi, porque al final ella decidió seguir un camino distinto, pero estoy segura que el proceso que vivimos juntas también fue un acontecimiento que marco su vida. Finalmente cierro este texto más testimonial que teórico con una cita de Jacques Rancierre que me gusta recuperar cuando pienso en cómo afectan los proyectos artísticos que se hospedan en territorios específicos a sus públicos (idealmente habitantes, miembros del mismo territorio) “No se pasa de la visión de un espectáculo a una comprensión del mundo, y de una comprensión intelectual a una decisión de acción. Se pasa de un mundo sensible a otro mundo sensible que define otras tolerancias e intolerancias, otras capacidades e incapacidades. Lo que opera son disociaciones: la ruptura de una relación entre el sentido y el sentido, entre un mundo visible, un modo de afección, un régimen de interpretación y un espacio de posibilidades; es la ruptura de las referencias sensibles que permitían estar en el propio lugar en un orden de las cosas”. Me parece que aquello que sucede en los públicos que habitan estos territorios es que se apertura una nueva forma de estar en el mundo, se pasa de un mundo sensible a otro mundo sensible.

Con este texto que por fin he logrado escribir quiero cerrar un ciclo que comenzó hace nueve años, para empezar uno nuevo, en el que ahora sea yo quien pueda mostrar a otros las infinitas posibilidades del teatro.  

Testimonio Fabiola Noemi Desales Silverio. 

Solía vender artículos del hogar en el puesto de mi hermano todos los días en el Mercado de Abastos de Oaxaca, mi primera casa y la que me da la posibilidad de ser una gran ola en el mar pero ahora vendo por temporadas, le tengo un gran respeto a ese lugar, es ahí donde empecé a vivir de la ma- nera que quería, fue el lugar donde encontré el teatro, a El balcón y donde también lo abandone para continuar otro tipo de experiencias sin embargo por mucho que aprenda otras artes no encuentro en ellas lo que el teatro y el proceso actoral hicieron conmigo, me liberaron y al mismo tiempo sacaron de mis entrañas imágenes, palabras, movimientos, ideas que no conocía y entonces temí y me aleje, sin embargo el teatro tiene la posibilidad de mezclar la mayoría de artes que existen y esto hace que no lo deje así como así, tal vez ahora mi objetivo ya no sea actuar pero si ser parte del detrás por que siendo sinceros no me veo comiéndome el mundo si no es ahí.

http://elbalconcentralabastosoaxaca.blogspot.com/

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Esta publicación forma parte del proyecto ¡Se armó el Argot con las Medeas!, el cual cuenta con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC) en la categoría de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales (FONCA)

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