La navaja debajo de la lengua

Por Constanza Monsivais García

Líquido, entra a la sala el público, suena la textura del suelo al roce de los zapatos, el aleteo de los programas de mano, los saludos, las sillas que rechinan al sentarse los espectadores, la tos inesperada. 

Se hace el silencio. Tercera llamada: ¡Comenzamos!

Obertura:

Cantar te desnuda. El canto nace del aire impulsado por nuestro cuerpo: es la enunciación de nuestras resonancias verdaderas: se descubren los pliegues, los relieves, grietas, fractales de tu cuerpo subjetivo. El canto traslúcido en la música, te enuncias desnudando.

Acto I:

El canto de la ópera y la canción de arte, con una tradición importante y una gramática grandilocuente demanda a los cantantes la modificación de su cuerpo: la ampliación de las costillas, la expansión de la capacidad pulmonar, la abertura de la boca más allá de sus fronteras conocidas, la fabricación de formantes (moldes) para otro tipo de vocales, la plasticidad de un cuerpo dramático para ser mediador entre el contenido y los diferentes medios que le atraviesan. 

La ópera y la canción de arte es causa y efecto y el cantante asume las verdades de ese ritmo. Nos hace preguntas directas, crudas y nos responde desafiante, pero… ¿Nosotres podremos cuestionarla de la misma manera? 

Los espectadores se miran incómodos, abucheando algunos, susurros indignados. “¡Silencio!” algunes espectadores me animan.

Cantar una obra es reflejar a través de nuestras resonancias afectos atemporales; revivimos un estilo de conmover a la otredad, revisitamos paisajes sonoros propios de otra época y plasmamos discursos que pertenecen a un lenguaje pasado, sin embargo ¿Qué significan estas obras en este tiempo? ¿Podemos mezclar nuestro presente con los tiempos de esas obras?

De pronto, descubrimos un embalsamiento de una obra expuesta en nuestro principal escenario, que, al observarla con ojos contemporáneos, nos parece ver una momificación del compositor junto con sus obras en un idioma ajeno. Y, entre bien conservado y putrefacto, miramos, desconcertades, el rostro semi-humano del objeto artístico y que nos impide dialogar fluidamente entre los tiempos y símbolos.

Yo he modificado mi cuerpo, para que la ópera y la canción de arte me atraviesen libremente con sus sonidos, textos, símbolos y movimientos pero ¿cómo digerir-resonar un objeto momificado? 

Malhumorades les espectadores se levantan, tiran los programas, hay un barullo negativo, algunes cantantes se retiran de la escena negando con su cabeza. La sala queda casi vacía. 

Intermedio

El Arte despliega posibilidades de provocación, es una conversación constante… pero… mira la sala, casi vacía. La mayoría de la política operística desea seguir observando el mismo paisaje, pero la ópera y la canción de arte, es un arte intermedial ofreciéndonos posibilidades creativas gozosas. 

Habitar la grieta posible es el espíritu de mi línea creativa en el canto operístico. Como cantante, me he interesado en buscar diversas formas de interpretar. En la pesquisa hallé variadas propuestas escénicas de distintas óperas y de canción de arte, las cuales viven en medio de la posibilidad, la interpelación y la realidad que les interesa desmenuzar. Estas propuestas escénicas son etiquetadas bajo un concepto llamado: Regietheater.  

Acto II:

En palabras de Roland Barthes “El nacimiento del lector se paga con la muerte del autor”. ¿Por qué Barthes encuentra necesario suprimir al autor de su propia obra? Porque se impone un candado al descifrar la obra a través del autor cerrándose a una sola perspectiva. Anular la imagen del autor, nos otorga la posibilidad creativa a través de la diversidad de resonancias y enunciamientos, de vivencias y pensamientos, de orígenes e idiomas, de preguntas, enriqueciendo a la obra. Entonces, es posible representar una realidad y una erótica contemporánea, existiría un dialogo entre tiempos y por ende una memoria estética-histórica. 

Conocer los inicios del concepto Regietheater, y acotarlos en sentencias definitivas no es tarea sencilla. Por una parte, el musicólogo alemán Ulrich Müller, menciona que no se sabe con exactitud cuándo ni quién desarrolló dicho concepto. Por otro lado, Anne-Kathrin Wilde asegura que “se originó en la crítica teatral alemana en la década de 1970”. Y aunque es inestable su nacimiento, el Regietheater ha generado mesas de discusión, libros, artículos, una exposición en un museo berlinés y, por supuesto, varias puestas escénicas operísticas.

El Regietheater, se compone de distintas herramientas: la fragmentación, la re simbolización, la re contextualización y la re significación, las cuales producen un desdoblamiento y/o fractalidad de los pliegues de la obra, con lo cual podemos extraer un material nuevo y proponer un presente estético, poético, histórico y geográfico de la obra. 

En conclusión: el Regietheater es un concepto radical, el cual suprime la imagen del compositor; rompe, sacude, cuestiona, incomoda, atraviesa la obra para la construcción de objetos artísticos posibles, poéticos y evolutivos.

¿Hay Regietheater en México? Mencionaré dos ejemplos relevantes. La primera propuesta fue en el año de 1983, la actriz Jesusa Rodríguez adaptó la ópera Don Giovanni  de Mozart. La propuesta partió al contar con un elenco de actrices proponiendo una perspectiva femenina de la obra original. Se combinaron los recitativos de la ópera en italiano con el español, se añadieron canciones tradicionales mexicanas, además de las arias de la ópera, se mezcló el teatro-cabaret y el performance con la ópera, dando como resultado Donna Giovanni. 

El segundo ejemplo ocurre en 1984, nuevamente la ópera Don Giovanni, la cual se representó en la sala principal de Bellas Artes. Estuvo bajo la dirección escénica  de Juan Ibáñez y la dirección musical de Eduardo Mata. La propuesta comenzó con  el epílogo terminando la obra con el final trágico del personaje principal. 

Ninguna de estas dos obras fue bien recibida en los escenarios operísticos mexicanos. Cuidando el embalsamado, ambas fueron fuertemente criticadas.

Acto III:

La propuesta de Jesusa Rodriguez y la de Eduardo Mata- Juan Ibáñez sobre la ópera Don Giovanni de Mozart, me apoyaron para emprender mi qué hacer creativo: combinar la investigación y creación artística siendo plasmados en mi propio proyecto. A través del Regietheater,  la Intermedialidad y junto con un equipo de jóvenes creativos, realicé una serie de videos fusionando ópera y cine; en donde exploro la acción de traducir los afectos occidentales a una sensibilidad mexicana. 

Así pues, el material resultante aspira a ser degustado por quienes deseen consumirlo, pues desea trastocar a personas que les parezcan ajenas las sonoridades operísticas. También me interesa desatar más preguntas para comenzar a pensar y trabajar en comunidad para así descubrir y compartir diferentes espacios posibles, a través de la dislocación de lo establecido.

Por lo cual, hice uso de las herramientas que propone el Regietheater para elaborar cuatro cuadros, en donde se desarrollan distintas facetas de la re-interpretación hacia un presente mexicano.

En el primer cuadro se desarrolló una nueva obra, creada a partir de la Trilogía da Ponte-Mozart, en el cual las acciones de tres personajes femeninos de cada una de las óperas de origen, se traducen a mujeres de un México contemporáneo. El segundo cuadro contiene un ciclo de canciones en francés de Francis Poulenc donde se traduce la sensación de improbabilidad e inestabilidad a través de distintos escenarios de la Ciudad de México. En el tercer cuadro, se realiza una animación con los personajes del ciclo de canciones infantiles de Silvestre Revueltas y en el cuarto cuadro se aborda música vocal contemporánea re-simbolizando el ritual del ensayo a un ritual femenino.

Mi propuesta puede sonar drástica, pero creo que la radicalidad implica habitar las contradicciones y construir a partir de las tensiones. Al crear este proyecto, mis aspiraciones son como redes lanzadas al mar permitiéndome habitar las  contradicciones entre la ópera y la canción de arte y yo siendo cantante mexicana. 

El proceso creativo de este proyecto me ha hecho transitar en varias texturas humanas, ha cuestionado fuertemente mi idea del canto, he sufrido sola o junto con mis colegas las crisis creativas y personales, ha problematizado la comunicación entre compañeros artistas cuestionando nuestro ego, pero también hemos descubierto que los discursos de les demás alimentan otras maneras de expresarnos en nuestro arte. Me ha hecho nutrir mis respuestas con otras líneas humanas, pero sobretodo he evolucionado junto con mi voz.

Así pues, sacudo e invito a más artistas a descubrir y construir con sus contradicciones objetos artísticos que representen nuestra realidad, origen, idioma, nos interpele, genere espacios e ideas y compartir esa obra al público mexicano que está día a día en la realidad y del cual somos parte.

El Arte es una pregunta constante y descubro que mis respuestas son algunas grietas habitables en un concreto espeso, pues mi canto es la navaja debajo de la lengua.

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Esta publicación forma parte del proyecto ¡Se armó el Argot con las Medeas!, el cual cuenta con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC) en la categoría de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales (FONCA)

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