Caminamos para encontrarnos. En principio, con una misma

Por Liliana HeSant

El 05 de junio del 2021 arranca la segunda temporada de CAMINANTES. Hacia el Encuentro, la primera producción de Corriendo con Lobas. Laboratorio escénico, la colectiva que fundé el año pasado poco después de MEDEAS Investigadoras. Caminantes es la primera obra que dirijo, gestiono y produzco. La primera materialización a gran escala de una idea que tuve en un viaje, y que marcó un antes y un después en mi vida. 

El montaje desea honrar la lucha de nuestras ancestras, historia que debe estar presente en la memoria, en nuestros cuerpos y en el espacio público. Trasladar lo que significó para nuestras ancestras tomar las calles a lo que ahora significa salir al espacio público después de casi un año de confinamiento. 

Cuando comencé a idear la propuesta me preguntaba: ¿cómo habrá sido la noche antes del Primer Congreso? ¿Habrán podido dormir? ¿Cómo fueron esos días de sesiones donde coordinaban el encuentro? ¿Seguían los debates después de las jornadas? ¿Cómo era el ambiente en las escuelas donde se hospedaron las maestras? ¿Cómo fue la efervescencia en las calles durante el Congreso? ¿Estaban nerviosas? ¿Habrán hecho una pachanga? ¿Será que algunas -o muchas- regresaron a sus casas pensando diferente? CAMINANTES. Hacia el Encuentro coloca la lupa en la vida de las mujeres, en sus cuerpos y emociones, en la revolución de sus ideas que detonó grandes luchas para que nosotras estemos aquí. 

Caminar y disponerse para dejarse atravesar por la historia y, posterior a eso, permitir encontrarse con personas desconocidas en una época tan singular como la que estamos atravesando, es un acto de resistencia. En nuestra primera temporada la meta era sentirnos cerca, mirarnos, saber que quienes han respondido al llamado del encuentro están ahí por algo, porque nos preparamos para poner el cuerpo con los cuidados necesarios y disponernos para que el evento suceda, porque creo firmemente que cada vez somos más quienes tomamos mayor compromiso con nuestros actos cotidianos. Hay algo que está sucediendo todos los días: estamos escribiendo nuestra historia.

Para mí ha significado un goce, un cuestionamiento y recordatorio del por qué hago lo que hago. Entender el compromiso social que pide mi quehacer artístico, reforzar mi ética profesional, encontrar las estrategias para devenir en colectiva, elaborar los procedimientos para estar y mantenernos en manada. Pero sobre todo, este montaje me condujo por un sendero que antes tenía difuso, un camino para encontrarme conmigo misma, con lo que quiero y no quiero en mis procesos creativos. 

Pienso en el proceso de creación y los estados del cuerpo que mutan, en las múltiples capas que están detrás de este montaje, en cómo el proceso ha potenciado nuestros cuerpos hacia otras áreas. Algo que me emociona es el nacimiento del proyecto de Alexandra Benavides llamado That Thingy y pienso que caminar es la acción que, hoy por hoy, se aproxima a la manera en cómo me estoy desarrollando como creadora e investigadora escénica. Por otro lado, pienso en los tropiezos, en las enseñanzas que este andar me ha ofrecido, en cómo también el patriarcado se asoma y facilita romantizar los procesos creativos y este montaje me ha permitido dimensionar eso, así como el daño que hace.

Así como el amor no todo lo puede, la creación misma tampoco. Al ser mi primer montaje, tuve que revisitar espacios que antes, por una -tonta- espera, no había atendido. Me refiero a los procesos, –poéticas– políticas de (auto) cuidado. Estaría interesante que podamos hacer un intercambio de poéticas de cuidado entre los procesos que hemos tenido.

Cuando comenzamos el montaje y de la mano de Hada Cortinas Gutiérrez, decidimos invitar a las creadoras en escena a realizar unas cartas donde nos escribieran sobre su forma de disponerse ante los procesos de creación. Si había algo que les haya molestado de otras experiencias y querían evitar en esta, hábitos que podrían mal interpretarse, algún requerimiento a nivel emotivo, etc. El ejercicio era de sinceridad con una misma y de compartir, en principio conmigo y con Hada (que estábamos a cargo de la dirección y la asistencia) y si ellas lo decidían, se podía compartir con el resto del equipo. 

Para mí fue crucial este ejercicio porque me permitió leer, desde otro lugar, la forma de comunicarse de las creadoras. La forma de honrar, así como el montaje lo hace con los sentipensares de nuestras ancestras. También era necesario acercarnos a esos recovecos de las mujeres que pondrían el cuerpo en el espacio público para caminar en manada. Pienso que ha sido una aproximación para articular un espacio seguro de cuidado en la creación, y también ha sido estimulante ver sus evoluciones; porque el 16 de enero del 2021, cuando nos reunimos para comenzar el montaje presencial, no éramos las mismas mujeres. No teníamos la misma claridad, el mismo ímpetu, la misma fuerza que sé que ahora tenemos. 

Por mi parte, pensar en una ética profesional feminista –ustedes saben que el feminismo formará parte siempre– me confirma la necesidad de la comunicación frontal, y al mismo tiempo de intuir cuando se necesita hablar y cuando es mejor nutrir el cuidado desde el silencio. La energía vital, tal como lo menciona Marcela Lagarde en su libro “Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres”, es crucial para forjar la libertad y la autonomía, para elaborar, germinar… Y sí, duele profundamente sentir y saber que quienes forman parte de un proceso creativo son quienes nos están robando esa energía. Parte del autocuidado es tener muy claro lo que está pasando para luego entablar un diálogo de forma sorora. 

Algo que me quedó muy claro es que el cuidado y todo este esfuerzo descomunal por generar espacios seguros tiene que ser recíproco, que la responsabilidad afectiva forma parte y que en la creación también puede existir ghosting. El compromiso está en cómo atravesar todo eso, en cómo enfocar la energía para que eso que está afectando no perjudique todo lo demás.

Aquí entra, para mí, la importancia de la manada, de sentirte acompañada. Poder hablar de aquello que nos molesta con total libertad, no tener que pensar cómo decirlo, saber que todo viene desde el cariño y con ánimos de construir, porque en esta vida todo se entrena, incluso el cuidado con una misma. 

Algo que me deja este montaje, a su casi inicio de segunda temporada, es que debo honrar, respetar e incluso defender la singularidad del estilo rítmico y vibrante de mi cuerpo, con el que habito la vida. Porque aquí, en mi primer territorio, ocurre todo. Porque desde aquí parto para crear. Desde aquí decido con quién acompañarme, desde aquí me pongo en el centro de mi vida y decido compartirla con todo el amor, respeto y cuidado, pero también con todas las garras necesarias para alejarme de aquellas personas que no alimentan el proceso. Los caminos creativos son para muchas cosas, pero en principio son para encontrarse con una misma.

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