Escrituras, Medea académica

Acción y efecto de civilizar: La ópera en México

Por: Tania Chirino

Es la primera [ópera] de un compositor mexicano, quiere decir que  nosotros estábamos a la altura de los compositores europeos. De alguna manera la ópera sirvió como un termómetro para medir el grado de civilización alcanzado.

Aurea Maya

El presente texto ha sido mi último ensayo como estudiante del Colegio de Literatura  Dramática y Teatro. Fue escrito para mi última clase en aquellas aulas hoy vacías: Géneros dramáticos, con la profesora Diana Reséndiz. Son/fueron mis letras finales de licenciatura y al mismo tiempo (ahora lo sé puesto que escribo esta pequeña  introducción desde mi encierro presente que fue, por cierto, el futuro incierto de ese  pasado) los primeros intentos de responder algunas preguntas que comenzaban a resonar desde entonces: ¿Qué hace mexicana a una obra artística?, ¿que el/la artista sea nacido/a en México?, ¿que tenga elementos estéticos mexicanos?, y en ese caso ¿cuál sería esa “estética mexicana” más allá del  estereotipo?, ¿que se haya hecho en territorio mexicano o que toque temas propios de  la cultura mexicana?, y de igual manera ¿cuál sería esta cultura? 

Ensayaré sobre estas preguntas a partir del estudio de los géneros dramático-escénicos, que comprenden su historia y evolución, así como su puesta en crisis. No  sólo porque fue la materia para la cual se escribió este trabajo, sino también porque considero que el estudio de los géneros dramáticos es una vía muy útil para el  análisis de una sociedad, a través de su relación con las expresiones escénicas. En  el caso de México, la ópera ha sido un gran microscopio.

Este ensayo trata sobre la  ópera en México en los siglos XVIII y XIX. No se trata de la ópera mexicana, sino de lo que el subgénero dramático-escénico “ópera” significó para lo/as mexicano/as del siglo XVIII-XIX. Ensayaré sobre cómo la idea popular que se tenía (y se sigue  teniendo, aunque quizá en menor grado) de este género, devela una de las  características más complejas de lo que para mí es “lo mexicano”. Se trata de aquello que, desde mi perspectiva, nos identifica y construye como nación  colonizada, y que está muy presente en nuestras expresiones artísticas hoy en día. 

El principio: La primera función de ópera 

La primera función de ópera en México fue La Parténope, con música de Manuel de Sumaya y libreto de Silvio Stampiglia, representada en la Ciudad de México el 1 de mayo de 1711, en un salón del palacio virreinal (hoy Palacio de Gobierno en el Centro Histórico de la ciudad), con motivo de la celebración del cumpleaños del  rey Felipe V por encargo del virrey Fernando de Alencastre Noroña y Silvia. Esta  ópera se presentó solamente para la corte del virrey, y hasta el día de hoy las  partituras de esta obra están perdidas. 

La primera ópera presentada al público abierto fue en el año de 1805 en el Coliseo Nuevo (hoy la Biblioteca de la Suprema Corte de Justicia) y fue El filósofo burlado de  Domenico Cimarosa, traducida al castellano (Hammeken, 2018: 39). Cabe  mencionar que recientemente fue estrenada la primera ópera considerada  mexicana, por haber sido la primera que se compuso después de la independencia de México: Catalina de Guisa se estrenó el 29 de septiembre de 1859. En esa época fue una de las obras más representadas en México. Sin  embargo, al menos durante todo el siglo XX, no volvió a pisar ningún teatro hasta el año 2019. 

Géneros dramáticos y sociedad 

Los géneros dramáticos son, sí, una forma de categorizar los “tipos” o “especies” de  teatro y artes escénicas que existen, pero también funcionan como lupas para ver  de cerca los comportamientos de una sociedad. Como antes mencioné: estudiando un género dramático puede entenderse una nación entera.  

Por un lado, los géneros pueden ser generados. Es decir, son consecuencia de una  serie de factores en determinado momento histórico, como la economía, la política,  la sanidad, etc. Se forman a partir de un contexto y, por ende, lo reflejan. Por otro lado, más interesante a mi parecer, pueden ser también generadores, ya que  producen cambios o revelan situaciones que habían permanecido veladas en  el lugar al que llegan. Este segundo caso es el de la ópera en México. Al revisar la  relación que los/as mexicanos/as hemos tenido con la ópera es posible entender  mucho de nuestra idiosincrasia. Este género dramático no se formó en América. Llegó, digamos, “ya hecho” a impulsar cambios y a generar movimiento, pero sobre  todo a develar e intensificar la crisis de identidad de una tierra híbrida, hija de la colonización.  

La llegada de la ópera al suelo mexicano significó el principio de un proceso perseguido por todos los países de Latinoamérica, a principios del siglo  XVIII: el de la civilización

Acción y efecto de civilizar 

Civilización, según la Real Academia de la Lengua Española es “acción y efecto de  civilizar”, así como “aquel grado de cultura que adquieren pueblos o personas, cuando de la rudeza natural pasan al primor, elegancia y dulzura de voces, usos y  costumbres propios de la gente culta” (Hurtado en Hammeken [2011] 2018: 47). Sin  embargo, una mejor definición es la de Norbert Elias: civilización es la  autoconciencia de Occidente, o también, la conciencia nacional (Elias en  Hammeken [1989] 2018:47). Esta definición se refiere a la idea que Occidente tiene  de sí mismo, o más bien a lo que Occidente cree llevar de ventaja sobre otras sociedades a las que nombra como “primitivas”, entre las cuáles, evidentemente, está México.  

Para entender mejor el concepto mexicano de civilización, hay que tomar en  cuenta que el miedo más profundo de los/as mexicanos/as era (¿o es?) el atraso cultural  respecto a “los otros”. ¿Quiénes son “los otros”?: Los europeos. Y es que  México es una sociedad que, de acuerdo con Hammeken y mi experiencia propia,  se distingue por su eterno deseo frustrado de parecerse a esos “otros”, por la  obsesión de “querer ser como ellos” que “son mejores”. Nos enferma la idea de que  “estamos en desventaja”, de que “somos un pueblo atrasado”. 

“La consciencia  nacional mexicana se fundó en el parecido en lugar de en la diferencia con “el otro” (Hammeken 2018: 54). Nos autodefinimos en la comparación con otras naciones, de ahí que tengamos tantos problemas de identidad y tantas contradicciones con  respecto a lo que somos como nación y sociedad. Apecto que se sigue reflejando profundamente en nuestras expresiones escénicas y artísticas en general.  Suscribo, y me reconozco en, la declaración de Hari Sama “Esto no es Berlín” (2019). Quizá seamos políticamente independientes, y eso entre comillas, pero en  la inconsciencia, en la autodefinición, seguimos colonizados.  

El significado y concepto de civilización en términos de la República  Mexicana en el siglo XVIII-XIX no dista mucho del de Occidente. La diferencia radica  tan solo en que, para México, como en toda Latinoamérica, no se trata de la  “autoconsciencia de” sino de la “comparación con” Occidente. Occidente significa Europa, por lo que el concepto mexicano de civilización es “el grado de parecido con Europa”. Tampoco hay mucha diferencia si tomamos la definición de  “conciencia nacional”, puesto que la mayor consciencia que México admite tener es la de su atraso respecto a Europa. La conciencia nacional mexicana consiste en  reconocerse “atrasado/as”. Conciencia nacional, bien o mal, se tiene.  

Ahora bien, ¿cuál es el papel de la ópera en este contexto de deseada civilización? Cito  el comentario de Hammeken: “Para emplear las palabras de la Real Academia  Española: la ópera era “acción y efecto de civilizar” y, por lo tanto, nada menos que  sinónimo de “civilización”. En efecto, al menos para los sectores élite del México en  los siglos XVIII y XIX, la ópera, al ser la manifestación artística europea por  excelencia, era exactamente el sinónimo de civilización.  

La llegada de esta expresión artística a México fue el gran termómetro, la gran  prueba, el alivio para la obsesión latinoamericana de sentirse en desventaja. Este  es el nivel de impacto que puede llegar a tener un género dramático. 

Collage de Tania Chirino. En la foto: Diana Mata, cantante de ópera.

El género civilizatorio 

La ópera, entonces, llegó para civilizar. El hecho de que en México “ya hubiera”  ópera significaba que había alcanzado un grado deseable de civilización y el acto  de asistir demostraba que, en efecto, era un país civilizado. “Se consideraba  a la ópera al mismo tiempo como agente del proceso civilizatorio mexicano y como  su síntoma” (Hammeken 2018:51). 

Había dos creencias que se repetían de forma constante en el periodo estudiado [1840- 1870 […]. La primera era que presenciar funciones de ópera con regularidad era un  elemento clave para suavizar las costumbres y refinar el gusto de la población, es decir,  civilizarla. […]. La segunda consistía en que, una vez que había alcanzado cierto grado  de civilización, la población de una ciudad tenía que asistir a la ópera para demostrar  que efectivamente era civilizada. (Hammeken, 2018: 22)  

La dificultad que suponía apreciar un espectáculo de esta categoría era una de las  razones por las que se relacionaba con la idea de civilización (ibid.: 45). Ir a la ópera era para los ciudadanos una forma de civilizarse mostrándolo públicamente. Era  símbolo de modernidad, progreso, cultura, refinamiento, buen gusto, alta categoría… todos estos conceptos pertenecientes a la idea mexicana de civilización. 

Para oídos contemporáneos del siglo XXI, todo este contexto con respecto a la ópera podría considerarse, y con razón, arcaico. Para mí lo es, en efecto. Sin  embargo, todavía en el año 2019 esta cadena de ideas, sorprendentemente muy inconscientes, parecía no haber sido superada, pues sigue teniendo ecos. 

Catalina De Guisa  

En 2019 tiene lugar un evento aparentemente de gran importancia para las artes  escénicas de México: el reestreno de Catalina de Guisa, del compositor Cenobio  Paniagua con libreto de Felice Romani (libretista italiano). La importancia de esta  ópera radica en que es considerada la primera propiamente mexicana, ya que fue la  primera compuesta en el México independiente (Murúa, 2019).  

Esta obra “orgullosamente” mexicana es, sin embargo, una confirmación  contemporánea de lo expuesto anteriormente, comenzando con que el libreto está  escrito en italiano. ¿Por qué una obra tan importante para la historia de la música y  de la ópera en México está en italiano? ¿Puede un texto escrito en italiano ser un  emblema del arte mexicano? Resulta un hecho curioso, ya que se habían hecho  representaciones de óperas italianas traducidas (Murúa, 2019), con esto quiero  decir que eran cantadas en español/castellano.  

Aurea Maya, colaboradora del proyecto, comenta lo siguiente en pleno 2019: 

Es la primera de un compositor mexicano, quiere decir que nosotros estábamos a la  altura de los compositores europeos. De alguna manera la ópera sirvió como un  termómetro para medir el grado de civilización alcanzado.

Estas palabras de Maya confirman que aún sigue presente, aunque quizá  inconsciente, la idea de que México había estado de alguna forma “atrasado”, “en  desventaja” y que se necesitaba “comprobar” que no era así. La creación de la ópera parece tranquilizar a Maya en este sentido y deja claro el motivo de por qué esta  obra, aun siendo orgullo nacional, está escrita en italiano. 

¿Quizá lo único que tenga de mexicano esta ópera es, precisamente, el “querer ser  como ellos”? 

Seguir la reflexión 

Hay mucho por descubrir en la investigación de los géneros dramáticos con enfoque sociológico. Resulta un camino particularmente útil el estudiar las expresiones escénicas desde su categorización, incluso cuando el concepto mismo de género o categoría se encuentre en crisis progresiva y/o expansión, ya que muestra aspectos que, de otro modo, sería casi imposible notar. 

En cuanto al caso particular de la ópera, me parece un género bastante complejo  desde muchos puntos de vista: el estético, el histórico, el político, el económico, el  sociológico. La ópera puede ser medidor de distintos aspectos de la sociedad en la  que se presente, como lo fue en el caso de México, donde funcionó como revelador  de aquello que, para mí, es una de las más fuertes características de ser mexicana/o. Característica que cuestiono, indago, profundizo… ya que es parte de  aquello que permea mi propia práctica escénica. 

Reflexionar en torno a la ópera en México me deja reflexionando sobre mí misma  frente a lo que pretendo hacer con mi carrera como directora e investigadora  escénica. ¿Qué es lo que hay de mi país en mí? ¿Qué es lo que hay de mi país en  mi arte?

Bibliografía  

Maya, Aurea en https://www.reforma.com/libre/players/mmplayer.aspx?idm=115213&te=100, revisado el  14/05/2019.

30 de octubre de 2019. https://proopera.org.mx/critica/catalina-de-guisa-de-cenobio-paniagua/  (último acceso: 03 de 07 de 2020). 

Ceballos, Edgar, y Carlos Díaz Du Pond. 100 años de Ópera en México. Ciudad de México:  Escenología/INBA, 2003. 

Hammeken, Luis Pablo de. La República de la Música: Ópera y sociedad en el México del siglo XIX. Ciudad de México: Bnilla Artigas Editores, 2018. 

Murúa, Verónica. «Catalina de Guisa, de Cenobio Paniagua: La primera ópera del México  independiente.» proopera.com.mx. s.f. https://proopera.org.mx/wpcontent/uploads/2019/11/36-rescate-nov17-%E2%88%9A_compressed.pdf (último  acceso: 14 de 05 de 2019). 

Programa de mano de “Catalina de Guisa”. Ciudad de México, 9 de mayo, 2019. http://www.reforma.com. s.f.  https://www.reforma.com/libre/players/mmplayer.aspx?idm=115213&te=100  14/05/2019. (último acceso: 14 de 05 de 2019).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s