Escrituras, Medea creadora

Mosconauta: Bitácora de duelo. Parte I

Por Yuly Moscosa

En este texto exploro la importancia de mantener una bitácora, la cual es parte de una investigación escénica que estoy haciendo para terminar en un montaje sobre la voz de mi padre. El proyecto se llama “Mosconauta: la heurística del duelo”. El video que se presenta a continuación es un fragmento de una primera exploración a partir de mi bitácora.

Pasaron 16 días para poder acostarme en el piso y empezar a escribir algo. Este fue el primer listado de palabras que hice después de que murió mi papá:

12-ago-2019

De la pérdida / Del enojo / Mi papá se fue / Hay muchos aparatos en las bodegas / Desapego / Acumulación / Hay una tristeza muy enorme / De las familias / De los barcos / Los barcos en mi vida / El mar en nuestras vidas / Papá e hija / César y Yuly / De lo que no se dijo / La nueva familia / Martha, Yuly, Rox y Fer / Del recordarte / De ver lo que escribías, ahora que ya no existes físicamente / Ver toda tu ropa / Tus zapatos / Tus camisas / Tu infinidad de gorras / De los hermanos que dejaste / De tu hermano / De tu hermana / De tus sobrinos / De los nietos que no viste nacer / De la casa que nunca terminaste de construir.

Estaba tratando  de bajar al cuerpo lo que estaba pasando a mi alrededor, quería entender mi nueva normalidad a partir de la muerte de mi papá. Cuando empecé a escribir en esta bitácora quería hablar de nuestra relación de padre e hija, de la violencia tan fuerte que vivimos y de la transición de la misma con el paso de los años. Quería entender cómo se sentía, qué pensaba, conocer su infancia a detalle, encontrar su nueva voz y encontrar la mía. 

Ahora quiero hablar sobre el proyecto de investigación escénica que comencé hace unos meses en esa bitácora, titulado “Mosconauta: La heurística del duelo”, pero no puedo. Me da pánico escribir y llevo días despreciando mis ideas, mis palabras. Es por eso que tomé otra vertiente de registro y me grabé teniendo una conversación con Raúl, dramaturgo del proyecto, donde hablo sobre lo que quiero decir, hacia dónde quiero ir y qué veo ahora sobre este trabajo. El presente texto es solo una parte de lo que abordamos en esa conversación. 

Hace un rato me di cuenta de que estaba hablando de mi papá como si hubiera sido el mejor hombre del mundo, y la verdad es que no fue así.  Después, cuando escribí la palabra violencia y seguí escribiendo, sentía que lo estaba justificando. Siempre he tenido miedo de que el proyecto vaya hacia ese lugar, pero eso es lo difícil de amar a alguien que no siempre fue una buena persona. Desde el amor lo justificas y a veces pienso que es inevitable. 

Durante este proceso descubrí que mi papá era un acumulador de objetos, pensé en él como individuo, como hombre… y me di cuenta de la nostalgia que desprendía al hablar del pasado, la melancolía que sentía al verse huérfano, el arrepentimiento a la violencia con la que se dirigió a nosotras por varios años. 

Ahora es como si ya lo hubiera descubierto. No es que no lo vea como mi papá, es que siento que ya puedo verlo como un individuo, tal vez. De cierta forma, creo que el dolor de su partida no ha disminuido (hace un año que se fue) pero sí ha ido dosificándose. Ahora me siento menos desarmada que cuando escribí por primera vez en esa bitácora. 

Hace 3 meses realicé un video- ejercicio sobre él, donde plasmo por medio de fotos y objetos mis líneas de investigación y objetivos, como una especie de mapa. Hace poco Raúl me preguntó si ya había visto el video y la respuesta fue que no. No lo había visto hasta hace unos días, antes de empezar a escribir este texto. 

Lloro cada vez que lo veo, solo una vez lo pude escuchar completo. Me siento como una niña al ver todo ese juego con mi papá de llevarlo en el barco y meterlo al mar, son cosas que él no haría. Imaginarlo así, como ese superhéroe que en algún momento no fue… Siento que en el video sueno como una niña y no es que no me guste, pero me duele escuchar mi voz.  Ahora encuentro muchas similitudes entre cómo veía a mi papá en ese momento y cómo me veo a mí misma, hoy. 

Recuerdo que el día de la grabación discutí mucho con Raúl, porque en mi bitácora yo había escrito un texto sobre la soledad y él lo agregó al texto del ejercicio, como si fuera la voz de mi papá: 

Las paredes se me vienen encima, todo es enorme. Lo intento todos los días pero han sido más caídas que levantadas. Las palabras se hacen pequeñas, los sentimientos se agigantan”.

Yo no quería decirlo porque para mí, en ese momento, él no diría algo así. Él era un superhéroe que no se doblaba. Ahora que lo veo a la distancia, digo que sí. De alguna u otra forma yo sabía que él se sentía así, desde antes de su muerte, pero es como si esas palabras solo las hubiera dicho y no las hubiera entendido del todo. 

Hoy en la mañana lo extrañé de una manera muy cotidiana, no me había pasado antes. Vi a mi roomie hablar por teléfono con su papá y extrañé mucho nuestras llamadas: 

Yuly: Hola, papá.  ¿cómo estás?

Papá: Hola, Yulita. Ya te transferí, eh.

Yuly: Ah, sí papá, pero quería saber cómo estabas 

Papá: Todo bien mihijita. Luego hablamos, estoy ocupado. Bye. 

Yuly: Bye, papi. Gracias, te quiero mucho. 

Estas emociones son reales, contradictorias, escabrosas… Pienso que ahí radica la importancia de mantener una bitácora, porque el dolor va disminuyendo con el tiempo, se va acomodando… y esa que fuiste, la que escribió, es una. La que leyó la cosa y dijo: “no eso no lo diría mi papá”, es otra basada en aquella. La que dice: “sí, así se sentía mi papá”, es una nueva. Vas dejando partículas de flujo de ti misma, grabadas en el tiempo. Entonces ves la línea de crecimiento, de ser persona. 

Hay una especie de niñez, adolescencia y maduración que ocurre en el duelo: la niña que ve la tristeza de su padre, la adolescente que niega la voz de algo que podría ser su padre, y la mujer que se da cuenta y dice: “así se sentía él, porque yo me siento así, a veces”. Que las paredes se me vienen encima, que todo es enorme. Que lo intento todos los días pero que han sido más caídas que levantadas. Que las palabras se hacen pequeñas y los sentimientos se agigantan.

2 comentarios en “Mosconauta: Bitácora de duelo. Parte I”

  1. Va a ser super interesante el seguimiento del proceso de construcción del “personaje ausente” y cómo te vas relacionando con él.
    Te leo y pienso en mi padre, también ausente.

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